
Jamás apareció. Y Stephen Sunday Obayan, alias Sunny, se vio de pronto solo, a 20 kilómetros de París, cargado con una maleta, sin apenas dinero y sin nadie cercano a quien pedir auxilio. Sunny recordó entonces que dos amigos suyos, Elvis y Lloyd, vivían en las afueras de Madrid. Así que les llamó y les contó la situación. «Vente, aquí hay sitio para ti», le respondieron. De modo que cogió su petate, puso rumbo a la capital de España, se acomodó en casa de sus compatriotas y vació su cabeza de sueños de grandeza: debía buscarse la vida, como un sin papeles más.
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