
Fuera de la pesada puerta de madera encajada en los muros hay casas desconchadas, una carretera a medio asfaltar, algunas ovejas dispersas; pero dentro se esconde un mundo inesperado hecho de trapecios, acrobacias, malabares y risas infantiles. Cuando se detienen para descansar, los chicos prefieren no hablar de su pasado, ni que se refieran a ellos como chicos de la calle. "Somos artistas, como cualquier otro artista", zanja el tema Mosaab, de dieciocho años, que se ha hecho experto en las acrobacias sobre anillas en los seis meses que lleva en la escuela de circo.
Pero los datos de la AMESIP explican la situación en la que se encontraban, pasaban el día en la calle sin acudir a la escuela, buscándose la vida con pequeños trabajos y a menudo enfermos, enganchados a distintas drogas o prostituyéndose. En la pista que esconde la kasbah de los Gnaouas, el ajetreo es constante: siempre hay alguien andando con las manos, una bola de malabares que rueda fuera o un lazo que se descuelga. Observando a los pequeños artistas de circo, los problemas cotidianos de los niños de la calle quedan fuera de la puerta. Éste es un lugar seguro.
Fuente y foto: EFE
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