
A pesar de que el seísmo de 7,3 grados ha convertido casi en misión imposible contactar con la capital haitiana, Pilar ha hablado con amigos y compañeros que residen en ella. Son testimonios individuales, a falta de una visión global y de un balance oficial, pero sus relatos hablan de horror y destrucción. "El temblor duró bastante y las réplicas se sucedieron durante horas. El impacto emocional en la población es terrible", señala esta gaditana. "Un amigo que tiene una moto ha estado recorriendo la ciudad y afirma que viviendas, centros sanitarios, colegios, hoteles... han quedado gravemente dañados. Según sus estimaciones, un 50% de las casas podría haberse desplomado", dice Pilar, a quien le han contado que "algunos hospitales han tenido que cerrar ante la avalancha de gente que se agolpaba a sus puertas".
La propia sede de Cruz Roja y la de Naciones Unidas también han resultado afectadas. Con motivo del derrumbe de esta última, el ministro francés de Exteriores, Bernard Kouchner, da por muerto al jefe de la Misión de Naciones Unidas en Haití (MINUSTAH), el tunecino Hedi Annabi. "Me consta que en el complejo de la ONU queda gente y están aprovechando para usar los pocos ordenadores que aún funcionan para enviar mensajes a amigos y familiares y decirles que están bien. Creo que aún no han podido iniciar ningún tipo de coordinación de la ayuda a los afectados".
Publicado en el diario El Mundo
Autor: Marta Arroyo
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