
Jerôme Ottitoyomi Dykiya (Nigeria, 1968) puede contar cosas como que conocía personalmente a 3.000 personas que, en 2006 y 2007, salieron en cayucos de Nouadhibou rumbo a España. Pero también otras como que, si existiese libertad de movimientos, esos mismos inmigrantes irían y volverían después a sus países.
Jerôme dirige una misión católica en la ciudad mauritana. Al llegar allí, se dio cuenta de que había un problema con los inmigrantes y decidió que trabajaría con y para ellos. Desde aquellas costas han partido centenares de miles de personas en los últimos años hacia la próspera Europa.
Su trabajo, su experiencia, sus esfuerzos, convierten a Jerôme en un perfecto conocedor de la realidad de la inmigración africana. Desde su reducto en Nouadhibou convive con quienes huyen de todo en busca de algo. Pero él muestra que hay más: no todos los inmigrantes que acuden a la ciudad costera quieren llegar a Europa, al menos eso defiende.
En su misión acoge a quienes llegan de lejos. Les ofrece un techo, una cama, comida y compañía. Pero también la oportunidad de aprender idiomas o algún oficio. El trabajo que realiza Jerôme, financiado por Cáritas y la Fundación CEAR, le ha hecho merecedor de una mención de honor del Premio Juan María Bandrés a la Defensa del Derecho de Asilo y la Solidaridad con los Refugiados.
Publicado en el diario El Mundo
Foto: Espacios Europeos
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