Casi 400 extranjeros recibieron azotes con un bastón de ratán en Brunei desde 2004, cuando la diminuta nación endureció sus leyes contra la inmigración ilegal, revelaron hoy datos oficiales. Cerca de 400 irregulares fueron sentenciados a penas de castigo corporal por haber entrado al país sin visado o excedido la estancia, según estadísticas del Departamento de Inmigración publicadas por el diario local "Borneo Bulletin". Amnistía Internacional habitualmente critica esta política de Brunei, donde también se aplica esta sentencia a muchos delincuentes comunes.
Sin embargo, las autoridades del pequeño sultanato defienden que deben ser duros con los criminales y recuerdan que Malasia y Singapur también practican el castigo corporal con un látigo de ratán (Junco de Indias, de 1,2 metros de largo), herencia de cuando los tres territorios integraron el Imperio Británico.
Brunei, una nación poblada por apenas 380.000 personas y situada en el norte de la isla de Borneo, es uno de los países con mayor renta per cápita del planeta gracias a sus vastas reservas de gas natural y petróleo. La política oficial del sultán, Hassanal Bolkiah, es de que los inmigrantes se encarguen de los empleos menos cualificados, y cada año importa a miles de trabajadores de Bangladesh, India, Indonesia, Filipinas, Tailandia o Vietnam.
Fuente: EFE
La sociedad somos todos. Sin el otro no somos nada. Por eso, todos merecemos el mismo espacio. En este blog intentaremos darle el suyo a todo aquel al que, por uno u otro motivo, se le está negando.
lunes, 2 de marzo de 2009
Miles de inmigrantes pierden sus permisos de residencia en Málaga al quedarse en el paro
Consiguieron regularizar su situación y ahora temen volver a perder los papeles. Miles de inmigrantes a los que les toca ahora revisar su permiso de residencia están abocados a perderlo debido al incremento del desempleo, lo que provocaría un aumento de la bolsa de personas en circunstancia irregular. Así lo denuncian las ONG y sindicatos, que certifican el aumento de las consultas en sus servicios de atención al inmigrante relacionadas con este punto. Desde hace unos meses, cerca del 60% de las peticiones de asesoramiento que llegan a la Coordinadora de Inmigrantes de Málaga (CIM) son sobre la renovación del permiso de residencia, según explica Gerardo Márquez, portavoz de este organismo.
En 2005, cerca de 20.000 personas regularizaron en Málaga su situación después de años trabajando por sueldos menores que los de sus compañeros españoles, sin contratos y sin seguridad. Con los ansiados papeles, lograron la estabilidad jurídica, que les permitió reagrupar a sus familias mientras pasaban a ser ciudadanos de pleno derecho que también aportaban su cotización a la Seguridad Social. La primera revisión del permiso de residencia llegó en 2006. La siguiente se produce en el último trimestre de 2008 y principios de 2009. Para poder renovar el permiso es necesario tener un contrato en el momento de la revisión o una oferta de contrato vinculante, además de demostrar que en el último año han trabajado al menos seis meses. En este punto hay una excepción: se permite demostrar sólo tres meses de trabajo si se demuestra que ha estado buscando «activamente» un nuevo empleo, según indica la secretaria de Inmigración de UGT, María Auxiliadora Jiménez.
Pero demostrar este periodo de trabajo con la actual crisis es casi una misión imposible. Las cifras del paro aumentan cada mes y la peor parte se la llevan los inmigrantes, muy vinculados en Málaga al sector de la construcción, a empleos de baja cualificación y contratos temporales. En la provincia, con 146.123 desempleados, más de 17.700 son inmigrantes (el 12%), según los datos del Ministerio de Trabajo. Málaga es la provincia andaluza con más inmigrantes en paro, mientras que en la comunidad el desempleo en los extranjeros aumentó un 74,8% en solo un año.
Retrasos en Extranjería
José Luis Rodríguez, abogado de Málaga Acoge, denuncia el retraso en la Oficina de Extranjería y asegura que hay expedientes con más de siete meses de demora. La Subdelegación del Gobierno, de la que depende la oficina, no se pronuncia sobre este retraso y presentan las cifras de 2008: de las 10.800 solicitudes de renovación, sólo se denegaron 367. Pero las ONG indican que estos datos no reflejan la situación actual. «Con el tiempo que tardan en resolver los casos, las cifras de 2008 responden a las solicitudes que se presentaron a finales de 2007, cuando la crisis no era tan cruda; pero las personas que podrían perder ahora su permiso de residencia son más», dice Rodríguez.
«La situación empieza a ser preocupante», señala María Auxiliadora Jiménez, de UGT, quien señala que los inmigrantes están volviendo al nivel de precariedad que tenían antes de la regularización de 2005. «Es un paso atrás en la lucha contra la inestabilidad porque estas personas están ahora dispuestas a aceptar cualquier cosa con tal de no perder el contrato; hay casos de trabajadores que llevan meses sin cobrar pero que no denuncian a la empresa por miedo a que les despidan», continúa. «Se dan de nuevo condiciones de desigualdad en los sueldos por parte de empresarios desaprensivos que no veíamos desde hace años», afirma Jiménez, quien indica que aún no hay cifras oficiales de cuántos inmigrantes regulares han vuelto a una situación clandestina, aunque miles podrían estar en situación de perder el permiso de residencia.
Retroceso
José Luis Rodríguez, de la ONG Málaga Acoge, asevera que la asociación atiende cada día decenas de consultas por las renovaciones. Málaga Acoge propone medidas extraordinarias para tiempos difíciles y pide que se flexibilicen los requisitos para la revisión. «Deben pedir tres meses de cotización y no seis como hasta ahora, además de eliminar los límites geográficos y de actividad que imponen a los inmigrantes; no sirve de nada encorsetar a estas personas en la construcción cuando está claro que en este sector no van a encontrar empleo», dice Rodríguez. Elena Muñoz, presidenta de Málaga Acoge indica que lo que está pasando supone tirar por la borda todo el esfuerzo que hizo el Estado en 2005.
Márquez, portavoz de CIM indica que la frustración de estas personas es enorme. «Ellos ya pasaron por esto antes de la regularización, y revivir el miedo a ser deportados al quedarse sin papeles es una verdadera pesadilla», dice. Lo que parece claro es que, a pesar de volver a la irregularidad, la mayoría de inmigrantes permanecerán en Málaga. «Después de todos estos años, ya tienen una vida aquí; volver significa empezar de nuevo y los países de origen también están atravesando la crisis, así que se quedarán, aunque estén sin papeles y en una situación precaria», añade.
Publicado en el diario SUR de Málaga
Autor: Amanda Salazar
En 2005, cerca de 20.000 personas regularizaron en Málaga su situación después de años trabajando por sueldos menores que los de sus compañeros españoles, sin contratos y sin seguridad. Con los ansiados papeles, lograron la estabilidad jurídica, que les permitió reagrupar a sus familias mientras pasaban a ser ciudadanos de pleno derecho que también aportaban su cotización a la Seguridad Social. La primera revisión del permiso de residencia llegó en 2006. La siguiente se produce en el último trimestre de 2008 y principios de 2009. Para poder renovar el permiso es necesario tener un contrato en el momento de la revisión o una oferta de contrato vinculante, además de demostrar que en el último año han trabajado al menos seis meses. En este punto hay una excepción: se permite demostrar sólo tres meses de trabajo si se demuestra que ha estado buscando «activamente» un nuevo empleo, según indica la secretaria de Inmigración de UGT, María Auxiliadora Jiménez.
Pero demostrar este periodo de trabajo con la actual crisis es casi una misión imposible. Las cifras del paro aumentan cada mes y la peor parte se la llevan los inmigrantes, muy vinculados en Málaga al sector de la construcción, a empleos de baja cualificación y contratos temporales. En la provincia, con 146.123 desempleados, más de 17.700 son inmigrantes (el 12%), según los datos del Ministerio de Trabajo. Málaga es la provincia andaluza con más inmigrantes en paro, mientras que en la comunidad el desempleo en los extranjeros aumentó un 74,8% en solo un año.
Retrasos en Extranjería
José Luis Rodríguez, abogado de Málaga Acoge, denuncia el retraso en la Oficina de Extranjería y asegura que hay expedientes con más de siete meses de demora. La Subdelegación del Gobierno, de la que depende la oficina, no se pronuncia sobre este retraso y presentan las cifras de 2008: de las 10.800 solicitudes de renovación, sólo se denegaron 367. Pero las ONG indican que estos datos no reflejan la situación actual. «Con el tiempo que tardan en resolver los casos, las cifras de 2008 responden a las solicitudes que se presentaron a finales de 2007, cuando la crisis no era tan cruda; pero las personas que podrían perder ahora su permiso de residencia son más», dice Rodríguez.
«La situación empieza a ser preocupante», señala María Auxiliadora Jiménez, de UGT, quien señala que los inmigrantes están volviendo al nivel de precariedad que tenían antes de la regularización de 2005. «Es un paso atrás en la lucha contra la inestabilidad porque estas personas están ahora dispuestas a aceptar cualquier cosa con tal de no perder el contrato; hay casos de trabajadores que llevan meses sin cobrar pero que no denuncian a la empresa por miedo a que les despidan», continúa. «Se dan de nuevo condiciones de desigualdad en los sueldos por parte de empresarios desaprensivos que no veíamos desde hace años», afirma Jiménez, quien indica que aún no hay cifras oficiales de cuántos inmigrantes regulares han vuelto a una situación clandestina, aunque miles podrían estar en situación de perder el permiso de residencia.
Retroceso
José Luis Rodríguez, de la ONG Málaga Acoge, asevera que la asociación atiende cada día decenas de consultas por las renovaciones. Málaga Acoge propone medidas extraordinarias para tiempos difíciles y pide que se flexibilicen los requisitos para la revisión. «Deben pedir tres meses de cotización y no seis como hasta ahora, además de eliminar los límites geográficos y de actividad que imponen a los inmigrantes; no sirve de nada encorsetar a estas personas en la construcción cuando está claro que en este sector no van a encontrar empleo», dice Rodríguez. Elena Muñoz, presidenta de Málaga Acoge indica que lo que está pasando supone tirar por la borda todo el esfuerzo que hizo el Estado en 2005.
Márquez, portavoz de CIM indica que la frustración de estas personas es enorme. «Ellos ya pasaron por esto antes de la regularización, y revivir el miedo a ser deportados al quedarse sin papeles es una verdadera pesadilla», dice. Lo que parece claro es que, a pesar de volver a la irregularidad, la mayoría de inmigrantes permanecerán en Málaga. «Después de todos estos años, ya tienen una vida aquí; volver significa empezar de nuevo y los países de origen también están atravesando la crisis, así que se quedarán, aunque estén sin papeles y en una situación precaria», añade.
Publicado en el diario SUR de Málaga
Autor: Amanda Salazar
"Vengo a buscar trabajo y ayuda"
Por tercer mes no puede pagar la letra del coche y los pocos ahorros para hacer frente a la hipoteca se están agotando. Tiene un piso hipotecado, un coche a plazos, un préstamo personal, y desde mediados de diciembre está sin trabajo. Félix es un autónomo nacido en Santo Domingo que reside en Alicante desde hace cinco años. Llegó a tener dos bares. El último lo cerró el 15 de diciembre, “y no he encontrado nada”. Su compañera tampoco trabaja. Acuciado por sus obligaciones financieras, el pasado miércoles se acercó por primera vez a una de las oficinas de bolsa de empleo de Cáritas en busca de algún “trabajo” y de “ayuda para pagar la hipoteca o algo”. Como él, muchos otros llegan desde hace un tiempo por primera vez en busca de ayuda. “En un año y medio las cosas han cambiado mucho, pero sobre todo se ha notado desde el último trimestre del año pasado”, explica José Jaime Esteve, portavoz de Cáritas Orihuela-Alicante.
Trabajo, pero también comida, ropa, ayuda para pagar las facturas, medicamentos o para el comedor de los niños. La lista es larga, los casos diversos y las demandas de ayuda más del doble, coinciden distintos voluntarios de la ONG. Aunque el volumen de peticiones no es igual en todas las zonas y es mayor en los barrios más desfavorecidos. La crisis ha dejado sin empleo a familias enteras, muchas de ellas inmigrantes, que en poco tiempo han pasado de vivir bien a estar agobiados, explica una voluntaria. Pero también hay ciudadanos españoles, con un crecimiento de los de clase media, que están pidiendo ayuda por primera vez o que precisan de más apoyo del que recibían hasta la fecha. Y a algunos les cuesta recurrir a este recurso y hacer pública su situación. Pero la crisis acucia en todas direcciones y hay menos ofertas. “Antes era raro el día que no se daban empleos domésticos y ahora en un mes no hemos recibido nada”, explica una voluntaria de la organización en una parroquia. Cáritas asegura detectar esta evolución en toda España. La demanda es tal que en muchas parroquias las donaciones que se realizan en Navidad se agotaron antes de lo habitual, aunque las aportaciones se renuevan.
Y ante problemas de alquileres, se priorizan los casos más urgentes o incluso se media en ocasiones con los dueños de los pisos en busca de una solución temporal. Con todo, y aunque la organización tiene una vertiente asistencial, insiste en que su idea de fondo es “trabajar para promocionar a la persona”, vía talleres de empleo y formación. En Elche, por ejemplo, el Centro de Formación y Empleo que Cáritas inauguró en 2006, ha detectado desde el último trimestre de 2008 y durante el arranque de este año un incremento del 100% de las solicitudes para formarse en cursos, informa Cristina Medina. El centro realiza en la actualidad un curso de cocina de 200 horas pensado inicialmente para 15 personas pero que ante la llegada de 70 solicitudes hubo que ampliar, explica el responsable de formación, Rubén Requena.
Manuel (nombre ficticio) es un ciudadano “de la Comunidad Valenciana” que acaba de ponerse en contacto con Cáritas y en los próximos días pretende apuntarse a su bolsa de empleo. Hasta que hace año y medio perdió su trabajo su situación económica era buena. Su mujer trabaja, aunque tiene un sueldo bajo, “y económicamente estábamos bien. Nunca habíamos tenido problemas”, insiste. Con dos hijos que también buscan empleo, la familia tiene que hacer frente a los gastos de una reforma y a los contratiempos del día a día. “Estamos muy hundidos económica y moralmente”, explica. Manuel centra su objetivo: “lo que pido es un puesto de trabajo y un sueldo, por mínimo que sea”.
Tras las cifras macroeconómicas que casi a diario evidencian la profundidad de la crisis hay personas que también cada día llaman a todas las puertas que conocen en busca de ayuda. A María la situación familiar se le complicó más aún hace “cuatro o cinco meses”, fecha a partir de la cual en la familia sólo entran 400 euros al mes del subsidio que recibe su marido. Su marido es peón de albañil y desde hace años padece una enfermedad que a temporadas le incapacitaba para trabajar. Desde hace un año está en paro. La pareja tiene tres hijos: el mayor busca empleo y el pequeño, de ocho años, tiene una ayuda reconocida por gran dependencia desde julio, aunque eso no implica apoyo económico alguno por ahora, ni por lo que le dicen parece que vaya a llegar en bastante tiempo. Cáritas le ayuda desde hace tiempo con la medicación de su hijo menor, con los viajes que regularmente tienen que realizar a un centro hospitalario de Valencia para su tratamiento “y a veces también con algún recibo de luz”. Ahora recibe más ayuda, con la alimentación. También recurre a los servicios sociales.
María está pendiente de otra solicitud “de ayuda para la Ciudadanía”, que reclamó en diciembre. “En casa no me voy a quedar con la necesidad que tengo”, deja claro. “La situación es agobiante. Hay noches que no puedo dormir y mi marido tampoco porque es muy fuerte que tus hijos te pidan leche y no tengas. Hay que vivirlo”, explica. “Y menos mal que el alquiler son 50 euros más comunidad”, añade. Son personas, nombres y recorridos distintos que confluyen en un punto y a los que el tsunami de una crisis económica que no ha tocado fondo ya ha salpicado.
Publicado en el diario El País
Autor: R. Biot
Trabajo, pero también comida, ropa, ayuda para pagar las facturas, medicamentos o para el comedor de los niños. La lista es larga, los casos diversos y las demandas de ayuda más del doble, coinciden distintos voluntarios de la ONG. Aunque el volumen de peticiones no es igual en todas las zonas y es mayor en los barrios más desfavorecidos. La crisis ha dejado sin empleo a familias enteras, muchas de ellas inmigrantes, que en poco tiempo han pasado de vivir bien a estar agobiados, explica una voluntaria. Pero también hay ciudadanos españoles, con un crecimiento de los de clase media, que están pidiendo ayuda por primera vez o que precisan de más apoyo del que recibían hasta la fecha. Y a algunos les cuesta recurrir a este recurso y hacer pública su situación. Pero la crisis acucia en todas direcciones y hay menos ofertas. “Antes era raro el día que no se daban empleos domésticos y ahora en un mes no hemos recibido nada”, explica una voluntaria de la organización en una parroquia. Cáritas asegura detectar esta evolución en toda España. La demanda es tal que en muchas parroquias las donaciones que se realizan en Navidad se agotaron antes de lo habitual, aunque las aportaciones se renuevan.
Y ante problemas de alquileres, se priorizan los casos más urgentes o incluso se media en ocasiones con los dueños de los pisos en busca de una solución temporal. Con todo, y aunque la organización tiene una vertiente asistencial, insiste en que su idea de fondo es “trabajar para promocionar a la persona”, vía talleres de empleo y formación. En Elche, por ejemplo, el Centro de Formación y Empleo que Cáritas inauguró en 2006, ha detectado desde el último trimestre de 2008 y durante el arranque de este año un incremento del 100% de las solicitudes para formarse en cursos, informa Cristina Medina. El centro realiza en la actualidad un curso de cocina de 200 horas pensado inicialmente para 15 personas pero que ante la llegada de 70 solicitudes hubo que ampliar, explica el responsable de formación, Rubén Requena.
Manuel (nombre ficticio) es un ciudadano “de la Comunidad Valenciana” que acaba de ponerse en contacto con Cáritas y en los próximos días pretende apuntarse a su bolsa de empleo. Hasta que hace año y medio perdió su trabajo su situación económica era buena. Su mujer trabaja, aunque tiene un sueldo bajo, “y económicamente estábamos bien. Nunca habíamos tenido problemas”, insiste. Con dos hijos que también buscan empleo, la familia tiene que hacer frente a los gastos de una reforma y a los contratiempos del día a día. “Estamos muy hundidos económica y moralmente”, explica. Manuel centra su objetivo: “lo que pido es un puesto de trabajo y un sueldo, por mínimo que sea”.
Tras las cifras macroeconómicas que casi a diario evidencian la profundidad de la crisis hay personas que también cada día llaman a todas las puertas que conocen en busca de ayuda. A María la situación familiar se le complicó más aún hace “cuatro o cinco meses”, fecha a partir de la cual en la familia sólo entran 400 euros al mes del subsidio que recibe su marido. Su marido es peón de albañil y desde hace años padece una enfermedad que a temporadas le incapacitaba para trabajar. Desde hace un año está en paro. La pareja tiene tres hijos: el mayor busca empleo y el pequeño, de ocho años, tiene una ayuda reconocida por gran dependencia desde julio, aunque eso no implica apoyo económico alguno por ahora, ni por lo que le dicen parece que vaya a llegar en bastante tiempo. Cáritas le ayuda desde hace tiempo con la medicación de su hijo menor, con los viajes que regularmente tienen que realizar a un centro hospitalario de Valencia para su tratamiento “y a veces también con algún recibo de luz”. Ahora recibe más ayuda, con la alimentación. También recurre a los servicios sociales.
María está pendiente de otra solicitud “de ayuda para la Ciudadanía”, que reclamó en diciembre. “En casa no me voy a quedar con la necesidad que tengo”, deja claro. “La situación es agobiante. Hay noches que no puedo dormir y mi marido tampoco porque es muy fuerte que tus hijos te pidan leche y no tengas. Hay que vivirlo”, explica. “Y menos mal que el alquiler son 50 euros más comunidad”, añade. Son personas, nombres y recorridos distintos que confluyen en un punto y a los que el tsunami de una crisis económica que no ha tocado fondo ya ha salpicado.
Publicado en el diario El País
Autor: R. Biot
domingo, 1 de marzo de 2009
La crisis impulsa a volver a las calles a ex prostitutas que perdieron sus trabajos convencionales
Una de las consecuencias que está teniendo la actual crisis económica sobre capas deprimidas de la sociedad es que algunas mujeres que, habiéndose dedicado a la prostitución y retirado posteriormente de ella para llevar una vida normalizada, se ven obligadas a volver a ejercerla, al perder sus actuales empleos y no encontrar otra salida.Así lo confirmó, en declaraciones realizadas a Europa Press, la responsable del Centro de Atención Sociosanitaria a Personas que Ejercen la Prostitución de Médicos del Mundo en Mallorca, Francisca Ramírez, quien alertó de un repunte en esta actividad en el último año, ya que en 2008 atendió a un total de 2.118 meretrices, lo que supone unas 600 más que en 2007.
Ramírez, que desarrolla su actividad tanto entre prostitutas que trabajan en la vía pública como entre las que lo hacen desde prostíbulos, apuntó directamente a la crisis como factor desencadenante de esta situación, en un momento en el que, de hecho, esta actividad estaba descendiendo y señaló al "colectivo inmigrante" como principal aportador de nuevos casos.
Según la experta, "aunque no hemos hecho un estudio, hemos podido constatar que había muchas mujeres que habían dejado de ejercer, al haber conseguido otro tipo de trabajos, se han visto abocadas a volver" ahora, tras perderlos. Aunque también se da un descenso de clientes, que ahora piden rebajas de hasta un 20% por los servicios, según fuentes de la UIB.
Fuente: Europa Press
Arriban a Tenerife 43 inmigrantes que viajaban en un cayuco rescatado por Salvamento Marítimo
Los 43 inmigrantes interceptados hoy por Salvamento Marítimo llegaron pasadas las siete de la tarde (horario insular) al puerto de Los Cristianos, en el municipio tinerfeño de Arona, según informaron a Europa Press fuentes del organismo dependiente del Ministerio de Fomento. Entre los sin papeles viajaban cinco posibles menores.
La Salvamar María Zambrano rescató a los 43 inmigrantes cuando viajaban en un cayuco a 70 millas de la isla de Tenerife. Tan sólo uno de los inmigrantes precisó ser trasladado a un centro de salud de Arona debido a una bajada de azúcar.
El resto de inmigrantes se encuentra en buen estado de salud, después de realizarse las primeras revisiones médicas por parte de los efectivos sanitarios que esperaban su llegada en el puerto.
La Salvamar María Zambrano rescató a los 43 inmigrantes cuando viajaban en un cayuco a 70 millas de la isla de Tenerife. Tan sólo uno de los inmigrantes precisó ser trasladado a un centro de salud de Arona debido a una bajada de azúcar.
El resto de inmigrantes se encuentra en buen estado de salud, después de realizarse las primeras revisiones médicas por parte de los efectivos sanitarios que esperaban su llegada en el puerto.
El radar detectó hasta en tres ocasiones la patera que naufragó en Lanzarote
El radar del Sistema Integrado de Vigilancia Exterior (SIVE) sí funcionó. Pero nadie tuvo en cuenta los tres «ecos» que se recibieron en Lanzarote el 15 de febrero pasado, desde una hora antes de que la patera naufragase y perdieran la vida 25 de los 32 inmigrantes clandestinos que navegaban en ella. Al menos la mitad de ellos eran menores de edad. Varios, niños de entre 8 y 10 años.
Pese a que la delegada del Gobierno en Canarias, Carolina Darias, afirmó, al personarse al día siguiente en la costa de Teguise donde se produjo la tragedia, que el SIVE no había detectado la patera, lo cierto es que en los informes internos de la Guardia Civil consta que este radar sí registró la presencia de la embarcación, pero que, por razones que aún se están dilucidando, no se activó el servicio necesario para tratar de evitar este tipo de tragedias.
A las 17.38 horas del domingo 15 de febrero, en la estación sensora del SIVE ubicada en la montaña de Haría, se registró la primera señal que alertaba de la presencia de una patera cerca de la costa. Los datos llegaban desde las proximidades de la playa de La Garita. Estas señales, conocidas como «ecos», son las que el radar genera al localizar en el mar cualquier tipo de embarcación.
En el intervalo de la siguiente media hora, y a pesar del oleaje reinante ese día en el mar -las altas olas fueron la excusa oficial de Darias para explicar el presunto fallo-, los sensores reflejan otros dos ecos de la misma nave. Una hora más tarde, y sin que se hubiera activado el protocolo de actuación en estos casos, la patera naufraga en la zona de Los Cocoteros, produciéndose la muerte de 25 de las 32 personas que viajaban en ella.
Desde el primer eco recogido hasta el vuelco de la patera transcurrió casi una hora. Ese lapso podría haber servido para que el final de la historia fuese otro. La pequeña embarcación recorrió unos diez kilómetros en esos 52 minutos que acabaron con un reguero de cadáveres a 20 metros de la orilla. Fue una patrulla de la Policía Local de Haría la que dio aviso, sobre las 18.30, a los servicios de emergencia, al observar la patera desde el litoral de Charco del Palo.
Según se especula, el patrón de la barquilla -superviviente y que ya ha sido detenido- también advirtió a los agentes y prosiguió su navegación en dirección sur para escapar de los agentes. Según el testimonio de los supervivientes, la patera siniestrada había utilizado una ruta no habitual, al partir la madrugada del 13 de febrero desde Tan Tan, en la costa de Marruecos.
Publicado en el diario ABC
Autor: Félix Díaz Hernández
Vidas rotas tras el naufragio de una patera
Jadiya Zaaboun es la madre de Ali. Tenía quince años y el sueño de una vida mejor alejado de su natal Guelmín. Su sueño pasaba por sufrir durante unos días la agonía de una patera y llegar a España. Pero el vuelco de su patera, en Lanzarote, hizo zozobrar su vida y la de su madre. Él, siendo todavía un niño, ha sido enterrado en Lanzarote tras morir ahogado; a ella sólo le quedan el gesto de una fotografía y el rostro de la tristeza para siempre (en la imagen). El hundimiento de la patera en la que días atrás murieron veinticinco inmigrantes, muchos de ellos niños como Ali, ha removido las entrañas de Guelmín. «Nosotros no queremos enviar a nuestros hijos a la muerte, pero les lavan el cerebro», se lamenta Jadiya. «Las autoridades lo saben porque son muchos y conocidos...». El caso de Jadiya y Ali no es una excepción. Riada Ahbidague dejó en casa, dormidas, a sus cuatro hijas. También partió para no volver.Publicado en el diario ABC
Texto y foto: Luis de Vega
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