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miércoles, 19 de noviembre de 2014

Un proyecto social sólo para blancos genera polémica en Sudáfrica

La puesta en marcha de una iniciativa social destinada a sacar a las comunidades blancas de los poblados chabolistas ha provocado debate en Sudáfrica y acusaciones de racismo hacia sus promotores, que se defienden y aseguran que sólo quieren ayudar a “su gente”. “Hay obras de caridad para la educación, por ejemplo, de los niños zulús, y no hay ninguna polémica. En el mundo hay proyectos de caridad para todo tipo de colectivos y grupos étnicos”, argumenta Sunette Bridges, directora del proyecto como líder de la Liga de Mujeres Boer.

Bridges ha adquirido con financiación de sus simpatizantes un trozo de tierra en Krugersdorp (oeste de Johannesburgo), donde en pocas semanas echará a andar el proyecto. La primera idea era alojar en la comunidad a familias blancas en riesgo de exclusión social, para evitar su llegada a campos de caravanas o chabolas. Pero el traslado por parte de las autoridades de un grupo de unos 300 blancos del asentamiento en que vivían a un antiguo vertedero en Krugersdorp les ha obligado a cambiar los planes y ofrecer a 25 de estas familias una nueva vida en Kleinvallei (nombre de la nueva comunidad).

miércoles, 6 de mayo de 2009

Recomendaciones literarias

El factor humano (Seix Barral, 2009). En 1985, cuando Nelson Mandela llevaba veintitrés años en prisión, se propuso conquistar a sus enemigos, los más fervientes defensores del apartheid. Así obtuvo su libertad y consiguió convertirse en presidente. Pero la inestabilidad de un país dividido por cincuenta años de odio racial cristalizó en la amenaza de una guerra civil. Mandela comprendió que tenía que conseguir la unión de blancos y negros de forma espontánea y emocional, y vio con claridad que el deporte era una estrategia extraordinaria para lograrlo. John Carlin ha descubierto el factor humano que hizo posible un milagro: la capacidad innata de Mandela para seducir al oponente y su tenaz deliberación de utilizar el mundial de rugby de 1995 para sellar la paz y cambiar el curso de la Historia. La final de aquel mundial culminó con la victoria sudafricana en el último minuto, y fundió en un abrazo a negros y blancos en el ejemplo más inspirador que ha visto la humanidad.


Testigo de raza (Global Rhythm, 2009). Cuando una hermosa mañana estival de 1934 llegué a la escuela, Herr Grimmelshäuser, nuestro maestro de tercer grado, comunicó a la clase que el director, Herr Wriede, había dado la orden de reunir en el patio al alumnado y el cuerpo docente. Allí, ataviado con el pardo uniforme nazi que solía vestir en las grandes ocasiones, anunció que «el más esplendoroso momento de nuestras jóvenes vidas» era inminente, que el destino nos había escogido para estar entre los agraciados por la fortuna de contemplar a «nuestro amado führer Adolf Hitler» con nuestros propios ojos. Era ése un privilegio, nos aseguró, que nuestros hijos aún no nacidos y los hijos de nuestros hijos envidiarían en tiempos venideros. Yo tenía entonces ocho años y no había advertido que, de los casi seiscienseiscientos chicos congregados en aquel patio, era el único a quien Herr Wriede no se dirigía. Así se inician las apasionantes memorias de Hans J. Massaquoi, director durante muchos años de Ebony, la más prestigiosa revista «negra» de Estados Unidos. Nieto de un cónsul africano cuyo hijo contrajo matrimonio con una enfermera alemana y criado durante su primera infancia en el bienestar propio del universo diplomático, el triunfo del nazismo trastocaría dramáticamente su existencia.

Viaje al amor (Lumen, 2009). A la vez que Wallace Stevens hacía seguros en Hartford para el ganado, William Carlos Williams (1883-1963) atendía a diario su consulta de médico en Rutherford, otra ciudad industrial del nordeste. Los dos fueron amigos y tuvieron tiempo para renovar la poesía norteamericana contemporánea desde presupuestos estéticos parecidos que hundían sus raíces en Emerson y Withman y enriquecían esa herencia autóctona con la influencia de los románticos ingleses, los simbolistas franceses y la pintura. Con traducción y prólogo de Juan Antonio Montiel, Lumen edita uno de los libros que contribuyeron a esa renovación. Nieto de Emily Dickinson, amigo de Hilda Doolittle y Ezra Pound y precursor de Ginsberg y Kerouac, William Carlos Williams buscó la precisión de la palabra poética, la exactitud de lo concreto, la transcendencia de lo cotidiano, la fuerza conceptual del habla coloquial.

jueves, 27 de noviembre de 2008

"En Suráfrica hay genocidas por omisión"

Pieter-Dirk Uys es hombre por biología pero mujer por reputación. Nació hace 63 años en una familia afrikáner, la tribu blanca que inventó el apartheid, pero la misión de su vida ha sido combatir el racismo. Como cómico, choca permanentemente contra los puntos más sensibles de la corrección política, pero acaba de crear su propio partido y competirá en las elecciones generales que se celebrarán en Suráfrica el año que viene. Es gay y dedica su vida fuera del escenario a la educación sexual para niños y niñas pobres con el fin de evitar que contraigan el sida, enfermedad que ha diezmado la población negra surafricana.

Comemos en su pequeño teatro restaurante, anteriormente la estación de ferrocarril de Darling, el bien nombrado pueblo donde vive, a una hora de Ciudad del Cabo. Después del almuerzo se retirará a su vestuario y se vestirá de mujer, se convertirá en Evita Bezuidenhout, la cincuentona coqueta que creó hace 20 años y con la que se han fotografiado, cómplices y sonrientes, Nelson Mandela y Desmond Tutu. Afortunadamente, los dos pillan la broma. Porque Evita – imagínense la típica señora de clase media alta de tiempos del franquismo trasladada a la Suráfrica del apartheid – es la expresión satírica más mordaz del fácil, ignorante racismo en el que se apoyó el sistema de discriminación racial más eficiente del siglo XX.

Uys fluctúa permanentemente entre la carcajada, la sonrisa pícara y la más grave seriedad. “Uso en el escenario un muñeco de Thabo Mbeki [presidente de Suráfrica hasta septiembre], pero me cuesta reírme de verdad. Porque es un genocida. No exagero”. Quiere decir, explica, un genocida por omisión. “Empecé a dar clases de educación sexual a los niños en 2002, justo después de que Mbeki negara una conexión entra el VIH y el sida. Debido a su estúpida y cruel negligencia cientos de miles han muerto de manera innecesaria”.

Uys ha hablado de sexo ante 1,6 millones de niños en los últimos seis años pero los colegios, en los lugares más remotos del país, no dejan de pedir que vuelva. “Es que los niños se lo pasan bien. No hablamos de animalitos y cosas así. Uso la palabra follar porque todos se la conocen y porque se parten de la risa al oírla en boca de una persona mayor; y tampoco les digo que se abstengan, o que el sexo es feo. Les digo que está muy rico y a disfrutarlo, pero que sea siempre seguro…”. De paso les habla de política. “Miro al niño más tímido, más pequeñito del grupo, y le digo: ‘¿Sabes lo que es la democracia? La democracia es que tú eres la persona más importante del mundo”.

Igual que ridiculizó a los amos blancos durante la segregación, vigila hoy, con la misma intensidad cómica, a los gobernantes negros. Por eso decidió en octubre fundar un nuevo partido, The Evita People’s Party. No pretende ganar ningún escaño, pero sí aspira a convencer a la gente a salir a votar y “a celebrar nuestra diversidad”. Porque, insiste Uys con una amplia sonrisa, hay mucho que celebrar. “Cada vez que paso por un colegio y veo a niños blancos y negros jugando juntos recuerdo lo inconcebible que me hubiera sido esta imagen hace sólo 20 años y me dan ganas – y a Evita también, si es honesta – de dar un grito de alegría”.

Publicado en el diario El País
Autor: John Carlin