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miércoles, 1 de abril de 2015

Sanidad vaticina una avalancha de turistas para tratarse la hepatitis C

La Consejería de Sanidad del Gobierno de Canarias está muy preocupada por los últimos cambios en lo que respecta a la estrategia nacional contra la hepatitis C, aprobados la semana pasada en el Consejo Interterritorial. Hasta ahora, las terapias utilizadas para tratar la enfermedad costaban alrededor de 40.000 euros por paciente, una cantidad que podría reducirse casi a la mitad según la nueva fórmula de financiación acordada por el Gobierno central y las comunidades autónomas. De hecho, según el pacto alcanzado durante el citado Consejo Interterritorial, el Ministerio de Hacienda prestará el dinero necesario para tratar a los 52.000 pacientes en situación más grave, y las comunidades tendrán que devolverlo en un plazo de 10 años, con una financiación del 0% el primer año.

http://www.diariodeavisos.com/2015/03/sanidad-vaticina-avalancha-turistas-para-tratarse-hepatitis/ 

sábado, 31 de enero de 2015

La agonía de los enfermos silenciosos

Con un porcentaje de enfermos que supera el 2% de la población mundial, la hepatitis C lleva décadas instalada en la sociedad. No en vano, la enfermedad silenciosa, como se la conoce en el ámbito sanitario, genera al año en nuestro país entre 7.000 y 10.000 fallecimientos por complicaciones derivadas de esta patología, que se ha convertido los últimos meses en epicentro del debate político en España. En Canarias, más de 400 pacientes con la enfermedad en estado avanzado esperan por uno de los 110 tratamientos que ha prometido la Consejería de Sanidad. Uno de ellos es el tinerfeño Raúl Cordero. “En el año 1993 me diagnosticaron la enfermedad. Me dijeron que me pude haber contagiado en un ingreso hospitalario, o a través del contacto con pacientes dependientes y discapacitados, porque soy cuidador y profesor de taller de personas con discapacidad, ya que en esa época no se usaban tanto las protecciones personales, como mascarillas, guantes de látex, etc.”, relata.

http://www.diariodeavisos.com/2015/01/agonia-enfermos-silenciosos/ 

La cuenta atrás

Morirse de una enfermedad como el cólera, la malaria, la fiebre amarilla o la hepatitis parecía reservado hasta ahora a los ciudadanos más desfavorecidos de los países subdesarrollados. Allí, en el África subsahariana, el Sudeste asiático o América central, acceder a un tratamiento médico es prácticamente imposible, una quimera inalcanzable no sólo por el coste que implica, sino por el escaso interés que ponen las farmacéuticas en salvar las vidas de los muertos de hambre. Desde hace unos meses, sin embargo, miles de pacientes en España parecen estar abocados a ese mismo y trágico final, ya que el Ministerio de Sanidad se niega a financiar el fármaco de última generación que puede curar la hepatitis C denominado Sovaldi, desarrollado y comercializado por el mastodonte bioempresarial norteamericano Gilead. El afán recaudatorio de este y la negativa del Gobierno español a echar el resto por los pacientes, ha hecho que al menos 400 personas en Canarias vivan cada día bajo la espada de Damocles, esperando estar entre los 110 afortunados a los que la Consejería regional ha prometido empezar a tratar a partir del mes de febrero.

Ese permanente estado de incertidumbre no sólo agrava los procesos de muchos de estos enfermos, también pone en entredicho el famoso Estado del Bienestar en el que supuestamente reposamos a este lado del planeta. Cómo si no se explica que el Gobierno del Partido Popular prefiera gastar recursos en trasplantes de hígado y costosos tratamientos de por vida, antes que invertir en un fármaco que en Egipto se vende por poco más de 900 euros. Algo se nos debe escapar al 90% de los mortales cuando los países de nuestro entorno han logrado ya alcanzar acuerdos satisfactorios con la farmacéutica, mientras nosotros, el país de la paella, la siesta y la pandereta, sigue dejando pasar los días sin dar respuesta a sus enfermos.

Personas que, dicho sea de paso, contribuyen con sus impuestos y cotizaciones a mantener una Seguridad Social que cada vez ofrece menos seguridad a la sociedad. Y es que, de no mediar lo contrario, dentro de poco retrocederemos de nuevo en el tiempo y volveremos a asistir a esas caravanas de ciudadanos que salían del país para comprar medicinas, alimentos o incluso para ver películas como El último tango en París.

En España, mientras tanto, seguirán bailando tangos los mismos de siempre, los que sacan la tijera con la misma facilidad con la que se comen un cochinillo. Los que sólo acuden a los hospitales para hacerse alguna foto; los que se ponen mascarillas para evitar contagiarse y escatiman en recursos que cuestan vidas.