"La violencia de género, y la violencia en general, se está enseñando en este momento en los centros educativos". Así de rotundo se manifiesta el profesor Fernando Barragán Mederos, titular del departamento de Didáctica e Investigación Educativa y del Comportamiento de la Universidad de la La Laguna. Barragán reconoce que la escuela es el germen de muchas de las conductas violentas que se producen en la sociedad. "No de una forma explícita o directa, sino de una forma oculta, en el sentido de que si no abordamos la violencia, se está permitiendo". No obstante, el docente de la ULL considera que "a la escuela no le corresponde trabajar con la violencia fuera de ella, pero sí con el reflejo de esa violencia en las aulas".
Barragán, autor de numerosas publicaciones y doctor en Filosofía y Educación, apuesta por un mayor "control democrático" sobre determinadas imágenes, que a su juicio no se deberían reproducir. "Por ejemplo, en el arte, que está lleno de violencia. No pretendo que se elimine el arte, pero sí debería haber un análisis crítico de ciertos contenidos de violencia que se podrían evitar". "También las religiones -insiste el experto universitario- tienen una parte en la que defienden la violencia, y eso no se aborda en los centros educativos".
Y es que para Fernando Barragán, "la religión católica es absolutamente misógina, odia a la mujer; y la jerarquía eclesiástica es homófoba, excluye a la mujer de cualquier órgano de poder y tolera la violencia contra ella, porque defiende que la mortificación hace a la mujer más mujer, cuando no es así. La Iglesia católica, históricamente, ha sido una de las más violentas contra las mujeres", agrega Barragán, que ha participado en varios proyectos financiados por la Comisión Europea. Uno de ellos, el Proyecto Arianne, trata de promover nuevas relaciones de género. Titulado ’Educación para el presente sin violencia’, se desarrolló en escuelas de Secundaria de Italia, Dinamarca, Alemania, España y México. En él también colaboró la Consejería de Empleo y Asuntos Sociales del Gobierno de Canarias y el Instituto Canario de la Mujer. El resultado, según el investigador, fue "altamente positivo", porque "contribuimos a reducir en un 75% las expresiones habituales de violencia en las aulas".
Pese a todo, el profesor de la ULL cree que es el camino de la igualdad y la erradicación de la violencia de género es largo y complejo, ya que "a veces no se quiere dar una imagen realista de lo que pasa en los centros educativos". "Hay comportamientos que podríamos denominar de violencia leve, pero que son el germen de otros muchos más graves", subraya Barragán, quien incluso confiesa que tiene pruebas de amenazas sexuales a profesoras en algunos institutos de Canarias. Aun así, programas como el Arianne o el Dafne -para la prevención de la violencia sexual en varones adolescentes- han logrado que estos temas se puedan debatir en el aula, "y que los jóvenes comprendan que para lograr algo no es necesaria la violencia". "Se puede ser mucho más feliz sin la violencia, porque incluso te perjudica a ti mismo", sostiene el docente canario, quien expone que "luchamos por que aparezca un nuevo modelo de joven, que quiere aprender a llorar o que odia el fútbol; se ha abierto una línea de cambio, con apoyo total de la UE".
Fernando Barragán hace hincapié en que para erradicar determinados comportamientos, hay que trabajar desde la etapa infantil, porque "hemos detectado que los niños pequeños saben utilizar la violencia contra las personas adultas; y hemos pasado a una flexibilidad tal en las normas que me parece inadmisible". En su opinión, "se siguen inculcando ideas terriblemente machistas", por lo que, según él, "la estrategia de futuro tiene que ser la defensa de la bisexualidad, porque para eso vivimos en una sociedad plural. No una bisexualidad obligatoria, como la heterosexualidad, que hoy día sí lo es, porque se presupone que es lo normal. Nacemos bisexuales, y quien vive la heterosexualidad exclusiva está viviendo de forma muy pobre la sexualidad humana", concluye.
La sociedad somos todos. Sin el otro no somos nada. Por eso, todos merecemos el mismo espacio. En este blog intentaremos darle el suyo a todo aquel al que, por uno u otro motivo, se le está negando.
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jueves, 13 de noviembre de 2008
jueves, 30 de octubre de 2008
"El cayuco es una selección natural, y los que llegan son superhombres"
El profesor Enrique Martínez Carretero, miembo del departamento de Parasitología de la Universidad de La Laguna, desmonta algunas de las falsas creencias existentes en torno a la introducción en Canarias de determinadas afecciones, fruto de la inmigración ilegal. Martínez Carretero deja claro que "las personas que llegan en cayuco son superhombres, porque es imposible soportar lo que soportan con una fiebre malárica, sida o una leishmaniasis visceral. La propia patera es una selección natural de los inmigrantes que llegan", agregó el investigador de la ULL, quien incluso señala que "las propias familias seleccionan a los más fuertes, a los que tienen más posibilidades de llegar". "Es verdad que ha habido casos de personas llegadas con malaria u otras enfermedades, y hay que tener cuidado; pero no hay que pensar que son unos apestados. Hay que hacer un control y un seguimiento de la gente que entra, a fin de evitar futuros problemas; pero no son un peligro inminente", espeta.
A diferencia de la inmigración, Martínez Carretero denota la relación existente entre las guerras y la transmisión de enfermedades, por ejemplo a través de los soldados que se emplean en los conflictos armados. "Las guerras generan pobreza y provocan movimientos de población hacia guetos y lugares de protección, lo que hace que entren en contacto enfermos, sanos y vectores, los tres componentes para que la afección se desarrolle".
"Cuando esta población vuelve a sus casas, la difunde aún más, lo que hace que se cierre el círculo y provoque núcleos incontrolados", arguye el profesor de la ULL, quien asevera que "el caso de los soldados es similar, porque miles de ellos se meten en el sistema al entrar en contacto con los parásitos y personas infectadas, ya que su sistema inmune no está acostumbrado. Y a su vuelta, el vector puede cerrar el ciclo", añade. Según Martínez Carretero, el problema real estriba en que estas enfermedades "no están dentro de la rutina de diagnóstico de sociedades como la europea". "Pero si llegan personas de lugares en riesgo, podemos pasar por alto posibles casos de malaria u otras enfermedades, y su no detección o el retraso en el diagnóstico puede ser perjudicial para el paciente".
A diferencia de la inmigración, Martínez Carretero denota la relación existente entre las guerras y la transmisión de enfermedades, por ejemplo a través de los soldados que se emplean en los conflictos armados. "Las guerras generan pobreza y provocan movimientos de población hacia guetos y lugares de protección, lo que hace que entren en contacto enfermos, sanos y vectores, los tres componentes para que la afección se desarrolle".
"Cuando esta población vuelve a sus casas, la difunde aún más, lo que hace que se cierre el círculo y provoque núcleos incontrolados", arguye el profesor de la ULL, quien asevera que "el caso de los soldados es similar, porque miles de ellos se meten en el sistema al entrar en contacto con los parásitos y personas infectadas, ya que su sistema inmune no está acostumbrado. Y a su vuelta, el vector puede cerrar el ciclo", añade. Según Martínez Carretero, el problema real estriba en que estas enfermedades "no están dentro de la rutina de diagnóstico de sociedades como la europea". "Pero si llegan personas de lugares en riesgo, podemos pasar por alto posibles casos de malaria u otras enfermedades, y su no detección o el retraso en el diagnóstico puede ser perjudicial para el paciente".
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