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lunes, 3 de junio de 2013

Mariposas

Begoña López aterrizó por primera vez en Bali hace ahora 13 años. Lo hizo como una turista más, con el único deseo de disfrutar del sol y las playas de este paraíso infinito. Como a otros muchos (entre los que me incluyo), el paso de los días la hizo sumergirse en la historia, la cultura y el encanto que desprende no sólo el país, también sus habitantes. Así, de vuelta en su Vitoria natal, decidió que tenía que volver a ese lugar mágico que para ella tenía aún muchas cosas por descubrir. Y a fe que lo hizo. Dos nuevas visitas y un amor inesperado terminaron de cautivarla, hasta el punto de que un buen día decidió hacer las maletas para embarcarse en una aventura que cambiaría para siempre su vida. Así se escribe la historia de esta asistente social y auxiliar de enfermería guipuzcoana que en el año 2000 fundó en Bali la ONG Kupu Kupu (que significa ‘mariposa’ en indonesio), dedicada al apoyo, formación e inserción de discapacitados físicos e intelectuales.

http://www.diariodeavisos.com/cronicas-desde-otro-lado-mariposas/

lunes, 22 de abril de 2013

Los ‘vaqueros’ de Kuta

Distan mucho de ser John Wayne, y ninguno de ellos sabe lo que es un Colt 45. Tampoco son tipos duros, ni montan a caballo. Y la mayoría, ni siquiera fuma. Pero, aunque el oeste americano queda muy lejos para ellos, son unos auténticos cowboys. Son los llamados vaqueros de Kuta. Su fama data de finales de los 90, cuando el boom turístico en Bali provocó una avalancha de turistas que aún hoy continúa in crescendo. Ellos, jóvenes en paro acostumbrados a la buena vida, vieron en las mujeres de mediana edad un filón con el que dar un giro a sus insípidas existencias. Para ellas, la mayoría solteras o divorciadas, el exotismo de estos surferos de pelo largo y moreno curtido por el sol es el complemento perfecto a las vacaciones de arena y sal.

http://www.diariodeavisos.com/vaqueros-kuta/ 

jueves, 27 de octubre de 2011

Prometo volver

Nunca es un buen momento para escribir un final, pero acaba siendo algo inevitable. Durante días traté de sentarme delante del ordenador, con las maletas aún por deshacer, pero me fue imposible concentrarme. Luego, ya con la ropa en el armario y la mochila en el trastero, hice varios intentos más, pero todos fueron en vano. Ahora, por miedo a que la conciencia se rebelase, he decidido luchar contra mis sentimientos y poner el obligado epílogo a aquella historia que empezó hace ya más de 9 meses.

Surgió por casualidad, casi sin quererlo, en contra de los tópicos y las rutinas, en contra de una vida de la que no éramos partícipes. Poco a poco, la empresa se fue llenando de fechas y cifras, pero también de miedos, reproches y celos. No fue fácil explicarlo, especialmente a aquellos que nunca quisieron entenderlo. Pero nos bastó el apoyo de unos pocos locos, para convencer a una ingente cantidad de cuerdos. Finalmente, llegó el ansiado momento, un día en el calendario que vivimos con ilusión y nervios. Y allá en el aeropuerto, entre deseos y recuerdos, decidimos dejar de pensar, disfrutar y ser los protagonistas de nuestro evento. Y fueron pasando las horas, los días y los sueños, la mayoría se hizo realidad, y todos se convirtieron en recuerdos. Hasta ahora, hasta este mismo momento, en que llegó el tiempo de ponerle su merecido final a una experiencia digna de versos.

No será, sin embargo, un final al uso, ni habrá demasiados créditos. Será, más bien, un punto y seguido, un 'continuará' que se hará presente en una segunda parte, otro guión y otros cuentos. También habrá dedicatoria y agradecimientos, tantos como personas y lugares hemos visitado, en etapas agotadoras, decenas de jornadas de sol, lluvia y viento.

Y por miedo a olvidarme de algo o de alguien, será un final abierto, en el que caben muchas más cosas que las que portamos en aquel equipaje. Éste tendrá su merecido descanso hasta dentro de un tiempo, el necesario para preparar un nuevo y ambicioso proyecto. En él habrá otra vez aduanas, visados, aviones y gente, mucha gente en los aeropuertos. Porque sólo así podremos decir que pasamos por la vida sin dejar la vida pasar. Porque sólo así encontraremos nuestra verdadera patria, el lugar donde nacen los sueños, aquellos que un día nos llevaron tan lejos, aquellos que haremos realidad cuando menos lo esperemos.

Pd: Este post pone el punto y seguido a aquel cuaderno de viaje que se inició en el mes de marzo. Gracias a todos aquellos que lo siguieron con la misma ilusión que yo le ponía a todas aquellas páginas.







martes, 17 de mayo de 2011

Postales desde Bali

Una imagen siempre vale más que mil palabras. En este caso, los rostros y paisajes sirven para definir a todo un país, un lugar mágico que brilla con una luz especial. Olivia y yo simplemente hemos sido testigos de ello durante un mes. Gracias, Bali.











































lunes, 16 de mayo de 2011

El valor del presente

Aunque pueda parecer una perogrullada, no siempre es fácil vivir única y exclusivamente en el presente. De hecho, los humanos, por esa rara condición que nos viene dada desde que nacemos, gastamos la mayor parte de nuestro tiempo tratando de preveer el futuro. No es el caso de los balineses, esa rara especie de personas que dejan la vida pasar sin más preocupación que el aquí y el ahora.

Para ellos, cualquier acontecimiento que vaya más allá de este momento, simplemente no existe. Desde esta perspectiva, resulta comprensible que en Bali, por ejemplo, la gente no tenga miedo a la muerte, básicamente porque no saben cuándo ni cómo ocurrirá. Además, situaciones a priori tan simples como planificar un viaje o decidir qué almorzarán mañana, no tienen sentido para los nativos de esta isla, donde el tiempo pasa más lentamente de lo normal.

Paradójicamente, esa concepción tan irritantemente realista de la vida, no impide a los balineses dejarse un pastón en ofrendas de todo tipo, que repiten con exasperante frecuencia en todos los rincones del país. Para ello, con cuidado ceremonioso depositan ante la deidad de turno todo tipo de objetos en pequeñas bandejas hechas con hojas de plátano. Su constancia, lejos de ser síntoma de fe, es más bien una cuestión de superchería, una especie de “por si acaso” ante lo que pudiera venir.

Ahora bien, tomárselo sí que se lo toman en serio, y como si del número 13 o el color negro se tratase, sus creencias y supersticiones hacen que, por ejemplo, todos los elementos de metal tengan su festividad, día en la que son bendecidos para que ofrezcan un buen servicio durante el resto del año. Así, como si de una película de Berlanga se tratase, coches, motos, camiones, autobuses y hasta menaje del hogar, es decorado con el objetivo de satisfacer las necesidades del dios correspondiente. Éste, como ya dije anteriormente en este mismo diario, no tiene sexo y puede ser cualquier cosa, por lo que todo es susceptible de ser venerado.

Y es que en Bali lo de las ceremonias es casi un divertimento nacional. No en vano, las hay para todos los gustos: cada luna llena, cada luna nueva, dedicadas a un dios en concreto, como homenaje al dios supremo, etc. No hay que olvidar que los balineses, además del calendario occidental, usan otros dos de ámbito local, por lo que hay festividades de todos los colores. Dichos calendarios, por ende, también indican el día más propicio para sembrar, recolectar, construir un barco, comenzar un viaje y hasta cortarse el pelo.

En esta vorágine de creencias fetichistas, el papel principal lo ocupan los sacerdotes, cuya casta superior tiene ventajas hasta en el supermercado. Elegidos para todo tipo de ceremonias, desde las bodas y bautizos hasta la compra de una casa, sus mujeres sólo pueden ser de clase elevada, aunque los más listos pueden mejorar el rango de su parienta sólo por el mero hecho de convertirla en su esposa. Ésta, además, está capacitada para dirigir eventos sólo por ser quien es, sin necesidad de cursillos y tras unas pocas ‘clases particulares’.

El brahmán, que así se llama el susodicho, está considerado como un dios entre los hombres (o incluso como dioses de dioses), lo que les confiere la potestad de hacer y deshacer deidades según su deseo, puesto que según la tradición eran los señores de la creación y del dharma (la religión). Guardianes del conocimiento, tienen el deber de instruir a las otras dos castas de “nacidos dos veces”, los llamados chatrías (militares políticos) y los vaishias (campesinos y comerciantes), pero jamás deben enseñar a los shudrás (esclavos) y mucho menos a los intocables (los pobres entre los pobres), puesto que ése es un pecado que el rey chatría debe castigar mediante la tortura física. Vamos, un chollo de profesión que además les reporta un buen puñado de rupias. Como para no pensar sólo en el presente…

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viernes, 13 de mayo de 2011

Mariposas

Begoña López aterrizó por primera vez en Bali hace ahora 13 años. Lo hizo como una turista más, con el único deseo de disfrutar del sol y las playas de este paraíso infinito. Como a otros muchos (entre los que me incluyo), el paso de los días la hizo sumergirse en la historia, la cultura y el encanto que desprende no sólo el país, también sus habitantes. Así, de vuelta en su Vitoria natal, decidió que tenía que volver a ese lugar mágico que para ella tenía aún muchas cosas por descubrir.

Y a fe que lo hizo. Dos nuevas visitas y un amor inesperado terminaron de cautivarla, hasta el punto de que un buen día decidió hacer las maletas para embarcarse en una aventura que cambiaría para siempre su vida. Así se escribe la historia de esta asistente social y auxiliar de enfermería guipuzcoana que en el año 2000 fundó en Bali la ONG Kupu Kupu (que significa ‘mariposa’ en indonesio), dedicada al apoyo, formación e inserción de discapacitados físicos e intelectuales.

Ellos son ahora para Begoña su pequeña familia balinesa, una singular tropa que ha ido creciendo en medio de numerosas tempestades. Especialmente duros fueron los primeros meses, cuando el proyecto se tambaleaba por falta de apoyos y por las reticencias de la propia comunidad local. De hecho, para lograr ayudas públicas esta heroína vitoriana tuvo que registrar ella misma la ONG e incluir a varios de sus amigos como miembros y representantes oficiales de la misma. Luego, fue de puerta en puerta hasta que finalmente logró que una se abriera, la del ayuntamiento de Llodio, quien concedió a la ONG su primera subvención. Fue en 2004.

Desde entonces y hasta hoy la entidad no ha dejado de salvar obstáculos, empezando por la escasa conciencia que existe en este país hacia las personas con discapacidad. Porque aquí no hay ayudas ni recursos. Cualquier problema físico o psíquico se considera un castigo que vino dado, producto del karma, que hay que admitir con resignación hasta el fin de los días. Contra eso, y contra una sociedad machista donde la mujer es un cero a la izquierda, se rebeló durante años Begoña, quien recuerda cómo descubrió a decenas de jóvenes de entre 20 y 30 años que no habían salido nunca de sus casas, que no sabían leer ni escribir y aún así pintaban unos cuadros maravillosos a los que ni podían poner su nombre.

Poco a poco, con la única ayuda de quien es ahora su marido, Made, y merced a una nueva subvención del ayuntamiento de Vitoria, en 2005 iniciaron la construcción de un centro en Ubud y adquirieron un autobús adaptado para trasladar a los chicos. Con ello nacía oficialmente Kupu Kupu, que en la actualidad asiste a casi medio centenar de jóvenes discapacitados en dos centros, el segundo de los cuales se abrió en abril de 2010 en Bangli, al norte de Bali.

Junto a las dos residencias, Kupu Kupu también posee una tienda en Ubud, donde vende las tallas y objetos que realizan los alumnos de la escuela, verdaderos artistas de rostros simpáticos y corazón inmenso. Komang, Nengah, Kadek, Dewa, Alit, Erni o Yudi son algunos de estos jóvenes que un día vieron algo de luz al final del túnel en el que estaban condenados. Mariposas a las que alguien había negado la posibilidad de volar sólo porque un día se rompió la crisálida en la que nacieron.