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lunes, 17 de junio de 2013

Desterrados y enjaulados

Con siete millones de habitantes y una opulencia que puede llegar a ser obscena, Hong Kong está considerada en la actualidad como una de las urbes más pujantes del planeta. Sin embargo, más allá de los rascacielos que se elevan hasta el infinito y los hoteles al alcance de muy pocos bolsillos, se esconde una realidad dolorosa, vergonzante, la que padecen miles de desempleados que malviven en las llamadas casas jaula, pequeños habitáculos enrejados de apenas tres metros cuadrados. Y es que, aunque sea difícil de creer, la crisis también ha llegado a esta parte del planeta. De hecho, el gobierno hongkonés anunció en enero que la tasa de paro alcanzaba el 6%, su nivel más alto desde 2005. Entre los damnificados están personas como Kolab Muay Soi, de 65 años de edad. Hace dos años y medio perdió su puesto como cocinero en un restaurante familiar, que ahogado por la competencia tuvo que echar el cierre. Separado y con dos hijos a los que no ve desde hace un lustro, su pensión de poco más de 300 euros sólo le permite pagar una habitación de 50 metros cuadrados, que comparte con otros 11 hombres. Su ‘morada’, como él la define, no sobrepasa los 3 metros cuadrados, pero es mejor que dormir en la calle. Por ella pagaba unos 105 euros al mes, cuando tenía trabajo. Ahora, viejo y sin oficio, de él se han hecho cargo los servicios sociales, que apenas dan abasto para socorrer a los 1,4 millones de personas que viven por debajo del umbral de la pobreza en este paraíso de la riqueza.

http://www.diariodeavisos.com/desterrados-enjaulados/ 

jueves, 29 de marzo de 2012

Desterrados y enjaulados

Con siete millones de habitantes y una opulencia que puede llegar a ser obscena, Hong Kong está considerada en la actualidad como una de las urbes más pujantes del planeta. Sin embargo, más allá de los rascacielos que se elevan hasta el infinito y los hoteles al alcance de muy pocos bolsillos, se esconde otra realidad: la que padecen miles de desempleados que malviven en las llamadas casas jaula, pequeños habitáculos enrejados de apenas tres metros cuadrados.

http://noticias.lainformacion.com/mundo/enjaulados-en-hong-kong-si-creias-que-los-minipisos-de-espana-eran-malos-espera-a-ver-esto_mFDF5v3WFpBrbXP7MaYnL7/

jueves, 27 de octubre de 2011

Prometo volver

Nunca es un buen momento para escribir un final, pero acaba siendo algo inevitable. Durante días traté de sentarme delante del ordenador, con las maletas aún por deshacer, pero me fue imposible concentrarme. Luego, ya con la ropa en el armario y la mochila en el trastero, hice varios intentos más, pero todos fueron en vano. Ahora, por miedo a que la conciencia se rebelase, he decidido luchar contra mis sentimientos y poner el obligado epílogo a aquella historia que empezó hace ya más de 9 meses.

Surgió por casualidad, casi sin quererlo, en contra de los tópicos y las rutinas, en contra de una vida de la que no éramos partícipes. Poco a poco, la empresa se fue llenando de fechas y cifras, pero también de miedos, reproches y celos. No fue fácil explicarlo, especialmente a aquellos que nunca quisieron entenderlo. Pero nos bastó el apoyo de unos pocos locos, para convencer a una ingente cantidad de cuerdos. Finalmente, llegó el ansiado momento, un día en el calendario que vivimos con ilusión y nervios. Y allá en el aeropuerto, entre deseos y recuerdos, decidimos dejar de pensar, disfrutar y ser los protagonistas de nuestro evento. Y fueron pasando las horas, los días y los sueños, la mayoría se hizo realidad, y todos se convirtieron en recuerdos. Hasta ahora, hasta este mismo momento, en que llegó el tiempo de ponerle su merecido final a una experiencia digna de versos.

No será, sin embargo, un final al uso, ni habrá demasiados créditos. Será, más bien, un punto y seguido, un 'continuará' que se hará presente en una segunda parte, otro guión y otros cuentos. También habrá dedicatoria y agradecimientos, tantos como personas y lugares hemos visitado, en etapas agotadoras, decenas de jornadas de sol, lluvia y viento.

Y por miedo a olvidarme de algo o de alguien, será un final abierto, en el que caben muchas más cosas que las que portamos en aquel equipaje. Éste tendrá su merecido descanso hasta dentro de un tiempo, el necesario para preparar un nuevo y ambicioso proyecto. En él habrá otra vez aduanas, visados, aviones y gente, mucha gente en los aeropuertos. Porque sólo así podremos decir que pasamos por la vida sin dejar la vida pasar. Porque sólo así encontraremos nuestra verdadera patria, el lugar donde nacen los sueños, aquellos que un día nos llevaron tan lejos, aquellos que haremos realidad cuando menos lo esperemos.

Pd: Este post pone el punto y seguido a aquel cuaderno de viaje que se inició en el mes de marzo. Gracias a todos aquellos que lo siguieron con la misma ilusión que yo le ponía a todas aquellas páginas.







miércoles, 18 de mayo de 2011

Autopista hacia el cielo

Olvidada por el Imperio chino y habitada por unos pocos granjeros y pescadores, Hong Kong poco o nada tenía que ver hace dos siglos con la cosmopolita urbe que es hoy día. Ello se debe, casi exclusivamente, a la intensa actividad comercial generada a raíz de la llegada de los británicos a principios del XIX. Éstos, al igual que hicieran en la India, dejaron su impronta no sólo en el diseño de la ciudad, sino también en las costumbres de buena parte de la población, que sigue teniendo el inglés como lengua oficial.

En 1967, durante la llamada Revolución Cultural, los graves disturbios provocados por los ultraizquierdistas Guardias Rojos de Mao Zedong conmovieron la colonia. Cundió el pánico, pero Hong Kong se mantuvo firme. Finalmente, intervino el primer ministro chino, Chou Enlai, y la provincia pudo seguir concentrándose con tranquilidad en su única especialidad: hacer dinero.

Desde entonces, y aunque ha tenido que superar varias tormentas físicas (incluso existe un frente antitifones) y económicas, así como un mortífero brote del síndrome respiratorio agudo severo (SARS), Hong Kong no ha parado de crecer, hasta el punto de que su Producto Interior Bruto (PIB) se sitúa en la actualidad por encima del 6%.

Pero lejos de las macrocifras económicas (que me he permitido la licencia de tomar prestadas), es difícil no caer en el cliché, el abuso de la adjetivación y los superlativos pretenciosos al intentar describir el perfil de esta apabullante ciudad. Porque ni las palabras ni las fotografías pueden llegar a transmitir la energía que genera esta isla futurista y la increíble topografía natural sobre la que se desarrolló. Por eso, hay que tomar distancia y perspectiva para captarla en conjunto y subir lo más alto que se pueda es la mejor manera de disfrutar de esta sensación tan simple. Eso, si tienes la suerte de gozar de un rato despejado, algo realmente complicado en los últimos años, ya que el 70% de los días hay una persistente y molesta neblina. Ésta se debe al alto índice de humedad existente y, sobre todo, a la contaminación del aire, responsable de más de 15.000 muertes prematuras al año.

Pese a todo, Hong Kong es, en todos los sentidos, un lugar embriagador: espectacular, exótico y accesible. Sus paseos en ferry por Victoria Harbour; la jungla de rascacielos de la isla y el seductor espectáculo luminoso que ofrecen cada noche; sus ‘wet markets’ (llamados así porque el suelo se riega constantemente para eliminar los restos de pescado, fruta y verdura) cargados de olores y sus más de 10.000 restaurantes; sus tranvías e históricos callejones al más puro estilo de Shanghai; sus hoteles de lujo, sus templos ancestrales, las carreras de caballos en Happy Valley. Todo eso y mucho más se llega a palpar en Hong Kong en unas pocas horas. Basta con dejarse llevar por el viento y el agua (Feng shui), los dos elementos de la naturaleza que equilibran el armonioso entorno de esta ciudad de autopistas que pueden llegar hasta el cielo.