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lunes, 15 de noviembre de 2010

Los discapacitados egipcios abandonan su 'prisión' doméstica

Después de décadas recluidos en sus hogares, los discapacitados egipcios se liberan de sus cadenas gracias a un programa que reivindica su derecho a aprender y trabajar, un reto faraónico para una sociedad que aún los margina. "En Egipto, con 80 millones de habitantes, el 11% de la población es discapacitada", explica el coordinador del programa para la integración de menores con discapacidad de la ONG Plan Egipto, Mohamed Yamany. En Al Basatin, una barriada pobre del sur de El Cairo, esta organización sufraga desde hace cinco años un humilde centro al que asisten diariamente 350 menores discapacitados.

"Antes, las familias ocultaban a sus hijos, por lo que al principio fue duro entrar en sus casas", apunta Yamany rodeado de menores que, sentados alrededor una amplia mesa, esperan su turno para salir a la pizarra y resolver unas sencillas operaciones matemáticas. Según Yamany, las niñas sufren con especial intensidad una exclusión que convierte los muros de las viviendas familiares en "una prisión", pues "para muchos padres es vergonzoso tener una hija discapacitada".

De ese riesgo de marginación no queda nada en el interior de la escuela, un edificio de dos plantas situado junto a un solar ocupado por basura en el que un vocerío infantil convive con la presencia amenazante de varias docenas de madres con velo. Naghat Abderramán llegó hace un año al centro de la mano de su hijo, Abderramán, un niño de 2 años con Síndrome de Down. "Vine porque quería recibir más información sobre el cuidado médico y ayuda para que aprendiera a hablar", agrega mientras acuna entre sus brazos al pequeño. "Gracias a Dios durante estos meses ha conseguido comunicarse con los demás y hemos logrado que vaya al colegio y juegue con el resto de niños", relata satisfecha Naghat.

La Ong Plan Internacional calcula que en Egipto el 95% de los discapacitados sufren exclusión social y representa a "un grupo estigmatizado y marginado". Para romper este tabú, financia diez comunidades en cinco provincias que, hasta 2008, habían proporcionado ayuda a 3.000 niños y 5.000 familias. El programa va más allá de un centro de educación especial pues Yamany puntualiza que las aulas segregadas son "un primer paso" que garantiza una "educación mínima" antes de ingresar en la enseñanza reglada. "Cuando los niños terminan aquí van a una escuela normal y comparten pupitre con otros menores sin discapacidad", aclara mientras subraya que el reto surge una vez superada la etapa educativa, cuando alcanzan el mercado de trabajo.

El camino recorrido hasta ahora no ha estado libre de obstáculos porque, como señala la maestra Amal Mohamed, una de las responsables del centro, "se tuvo que explicar puerta a puerta que los niños discapacitados también tienen derechos". Luego se luchó para que las familias de los menores atravesaran las puertas de la escuela y, una vez dentro, se empezó a trabajar con las madres "para cambiar la vida de sus hijos", añade esta educadora.

"El principal éxito del programa es que ahora las familias llegan por iniciativa propia, de la mano de sus hijos", cuenta Amal, que subraya además la propia transformación de la escuela: "Primero tuvimos una habitación, ahora un edificio completo". Es mediodía y las clases tocan a su fin. Karim, Ahmed y Amer, tres de los menores discapacitados, se mezclan entre los niños que escaleras abajo salen como un huracán del local.

Fuente: EFE
Foto: AP

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